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En el mundo anglosajón se conoce como civility of society a la capacidad de los ciudadanos para auto organizarse y demandar a sus autoridades la solución de los problemas que tengan más cerca de su campo de acción. En estas sociedades es típico que los ciudadanos se reúnan de manera pacífica para, con carteles alusivos […]

Por Carlos Hakansson. 12 febrero, 2013.

En el mundo anglosajón se conoce como civility of society a la capacidad de los ciudadanos para auto organizarse y demandar a sus autoridades la solución de los problemas que tengan más cerca de su campo de acción. En estas sociedades es típico que los ciudadanos se reúnan de manera pacífica para, con carteles alusivos y sin alterar el orden público, reclamar por sus derechos y demandar acciones concretas a sus autoridades a favor del bien común.

Es típico, en las cadenas de noticias, series y películas estadounidenses, ver imágenes de personas agrupadas en orden y llevando carteles alusivos a la protección de sus derechos sin afectar la tranquilidad de los demás ciudadanos. Por eso, consideramos como un ejemplo las acciones de los ciudadanos de las urbanizaciones Bello Horizonte, Mariscal Tito, El Trébol, Ignacio Merino y los Pinos de Plata (de Piura) para comunicarle a la Municipalidad su desagrado por las polémicas licencias de negocios que atentan contra la moral, buenas costumbres y la tranquilidad del vecindario.

Las acciones en favor del bien común, por estar en desacuerdo con decisiones que afectan el bienestar, son una muestra de civismo que nos permiten explicar que una democracia representativa no se limita a elegir a un gobernante, para que luego de cuatro o cinco años se pueda elegir al siguiente. Los habitantes de una ciudad tienen derecho a reclamar mejores condiciones de vida a quienes nos gobiernan y administran nuestros impuestos; tengamos en cuenta que las democracias consolidadas tienen una relación directa con el grado de desarrollo que tiene su ciudadanía, se podría decir que un factor depende directamente del otro, como si fuesen vasos comunicantes.

Todos los gobernantes, como el alcalde (me refiero a los alcaldes en general), también conocido como el buen vecino, debe tener en cuenta la repercusión de sus decisiones y su impacto en el desarrollo, la seguridad y bienestar ciudadano. La persona es el centro del derecho y la política; por eso, es fundamental que haya firmeza, al momento de tomar las decisiones encaminadas a preservar la moral y las buenas costumbres.

burgomaestre buenvecino

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